" Regresaron a casa y cenaron en silencio.
El silencio yacía entre ellos como una desgracia. Era cada minuto más pesado. Para librarse de él fueron pronto a dormir. Por la noche la despertó, ella lloraba en sueños.
Le contó: «Estaba enterrada. Hace ya tiempo. Venías a verme todas las semanas. Siempre golpeabas con los nudillos en la tumba y yo salía. Tenía los ojos llenos de tierra.
»Decías: ‘Así no puedes ver’ y me quitabas la tierra de los ojos.
»Y yo te decía: ‘De todos modos no veo. Si tengo agujeros en vez de ojos’.
"
Milán Kundera